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Una mirada a la evolución de los derechos de la mujer, por Carlos Jaico

Por
Por Carlos Jaico(*)
 10/03/2017  Simone de Beauvoir, autora de “El segundo sexo” en 1949, analizó la situación de las mujeres a lo largo de la historia y lanzó la conclusión que las mujeres no nacen, las mujeres se hacen. La teoría principal de Beauvoir es que la mujer es un producto cultural que se ha construido socialmente, a lo largo del tiempo. Para comprender esta aseveración, habría que ver su contexto social e histórico.
mujer
Estamos en 1949, luego de dos guerras mundiales, y la aparición de las corrientes ideológicas que analizaban la sociedad con el prisma masculino construido en los siglos anteriores. La mujer no tenía un rol social definido más allá de las actividades que se le conocían, en el hogar como esposa o madre, o como cortesana. Se decía de Sócrates que soportaba a su esposa Jantipa, relegaba al rango puramente doméstico, sólo porque le había dado hijos. Pasada la revolución francesa, llega la mujer al siglo XIX sin ser aún considerada en la economía (marxista) dentro de los factores de producción, y confinándola al hogar y a las funciones reproductivas, perdiendo sus vínculos sociales y libertad.
Por su parte, la literatura del siglo XVIII reflejaba la situación de la mujer con Voltaire y su obra “Cándido” (1759). El héroe de la novela a quien la naturaleza había dotado con las más excelsas virtudes, con la rectitud de juicio junto a la espontaneidad de carácter, contrastaba con Cunebunda, quien daba una imagen deformada y degradante de la mujer, casi como un objeto de consumo. Luego vendría la obra del conde de Beaumarchais, el Barbero de Sevilla (1773). Aquí las cosas cambian ligeramente. Beaumarchais hace hincapié en la condición de la mujer y la falta de derechos para las mujeres casadas que viven bajo la dependencia y voluntad total de su marido, a quien deben someterse.
Con Mozart, los papeles femeninos van más allá de los márgenes de libertad que permite su condición social. Con Verdi, las protagonistas femeninas, a menudo en el centro de los conflictos de violencia, se ven representadas en intrigas, como mujeres atormentadas, o amantes apasionadas, que revelan un siglo XIX caracterizado por la aparición de regímenes democráticos y el ascenso de la burguesía.
Sin embargo, una voz precursora y masculina se elevó en ese siglo con el filósofo y economista inglés John Stuart Mill, quien escribió “La Dominación de la mujer” (1869). Fue uno de los primeros que habló del voto femenino en la Cámara de los Lores. Para él, a lo mejor, hablar de los derechos de la mujer no era un problema al tener a la reina Victoria a la cabeza de Gran Bretaña de 1837 a 1901. Su objetivo fue extender el sufragio a toda la población. Para lograr este objetivo, el primer paso a seguir era hacer ver a la población cuán marginada estaba la mujer en la sociedad, no solo inglesa, sino europea. John Stuart Mill rompía con ese pasado en el que la mujer había sido presentada como un ser inferior en lo físico y lo psicológico, sin ser apta para la vida pública y sólo participando en el hogar, el monasterio.
Al inicio del siglo XX, Sigmund Freud quien decía de la mujer que era “el continente negro”, vendrá a poner su grano de sal sobre tanto desacierto, al sostener que la mujer nada ganaba con estudiar y que “debe ser juzgada con indulgencia y tolerancia en los campos del conocimiento donde se está quedando detrás del hombre”. Junto a él, Santo Tomás de Aquino decía que la mujer era un ser casual y accidental. Schopenhauer les tenía cierta aversión al considerarlas engañadas y cuando no lo eran, eran ellas las que engañaban. Nietzsche por su parte basaba el matrimonio no en el amor sino en un medio necesario para el hombre para reproducirse. Para Kant, el matrimonio hacía libres a las mujeres salvo al hombre. Y la lista podría continuar.
Los ejemplos citados de la historia humana relegan a la mujer a ese papel conservador, de mantenimiento, de tradición. El gran acierto de Beauvoir es poner de manifiesto que la naturaleza de la mujer es tan plástica como la del hombre, ya que ambos tienen la misma naturaleza humana. Provocar el cambio cultural que hace que la mujer entre en el juego del desarrollo y de la adaptación a lo nuevo, igual que el hombre, es el objetivo del feminismo, visto como una liberación de la mujer de los estereotipos asignados por la tradición y las costumbres.
De este modo, Beauvoir no se enfrenta solo a la subcultura de su momento, que define a la mujer como en las obras de Gustav Klimt, pasivas y esperando siempre algo, sino de algún modo a una cierta constante de la historia humana. Esta situación, para la historiadora Michelle Perrot en su obra “Mi historia de las mujeres”, obedece a los modelos concebidos para los hombres donde las mujeres deben integrarse sin más. Estos modelos masculinos existen porque es un modelo pensado por los hombres, adaptado a la cultura y a los comportamientos masculinos. De esta manera, sólo se ha puesto en relieve las diferencias de las mujeres.
Hecho este constato, con Simone de Beauvoir se abren para la mujer nuevos espacios y entramos al feminismo de la igualdad, el que afirma que hombre y mujer podemos desempeñar los mismos papeles tanto cultural como social- y profesionalmente. El cambio que genera las tesis de Simone de Beauvoir plantea que la mujer puede hacer los papeles de desarrollo, exploración, conservación y tradición. Ahora depende de la elección que ella haga, haciendo uso de su libre albedrío.
Esta evolución inicia el siglo XXI: Igualdad, haciendo cada vez menor la discriminación entre hombre y mujer, reforzada por la noción de equidad y respeto en la que ambos construyen una sociedad más justa. Este siglo verá que la mujer se hace y construye tanto como el hombre, en un mundo donde las posibilidades y oportunidades sean las mismas para ambos.
Hoy, debemos escuchar el llamado de Victor Hugo, quien hace de Cosette su heroína en Los Miserables:

“Una mitad de la especie humana está fuera de la igualdad, y debemos hacerla entrar: dar como contrapeso al derecho del hombre el derecho de la mujer.”

(*) Escritor peruano,  autor de  “El poder del Liderazgo”

Fuente: https://www.facebook.com/notes/carlos-jaico/

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Efemerides

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