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Un día como hoy, Grau muere defendiendo la patria: Combate de Angamos

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08/10/2017 La incapacidad de los mandos navales chilenos frente a las continuas incursiones del Huáscar causó gran desazón en Chile. Todo ello se agudizó con la captura del transporte Rímac, luego de lo cual se produjeron protestas populares, interpelaciones en el congreso, renuncias de ministros y cambios en las jefaturas del ejército y la escuadra.

Los mandos chilenos, ante la imposibilidad de iniciar la campaña terrestre para invadir el sur peruano, determinaron que la captura del Huáscar era prioritaria e indispensable para llevar a cabo sus planes. Una de las primeras medidas fue el relevo del contralmirante Juan Williams Rebolledo en el mando de la Escuadra chilena, siendo reemplazado por el capitán de navío Galvarino Riveros, quien dispuso que los buques fueran sometidos a reparaciones de calderas y carena para limpiar sus fondos y prepararse a dar caza al Huáscar.174 Para dicho propósito, elaboraron un plan para capturarlo, organizando a su escuadra en dos divisiones, la primera, integrada por el Almirante Blanco Encalada, la Covadonga y el Matías Cousiño, y la segunda, compuesta por el Almirante Cochrane, el Loa y la O’Higgins. La idea era tenderle un cerco al Huáscar, en el área comprendida entre Arica y Antofagasta.

Sin conocer toda esa concentración del enemigo para darle caza, Grau recibió órdenes de zarpar desde Arica con el Unión y el Rímac rumbo al sur, con la finalidad de hostigar los puertos chilenos entre Tocopilla y Coquimbo (1 de octubre). Mientras tanto, las dos divisiones chilenas partieron desde Mejillones hacia el norte, en búsqueda del Huáscar, llegando a Arica en la mañana del 5 de octubre, no hallando allí a su objetivo.175

El Huáscar, mientras tanto, luego de dejar al Rímac en Iquique, arribó en compañía del Unión a la caleta de Sarco, el 4 de octubre. Allí capturaron a la goleta Coquimbo, para posteriormente llegar al puerto del mismo nombre y proseguir hacia el sur, hasta la caleta de Tongoy, localidad cercana al puerto de Valparaíso. Cumplido el objetivo de esta expedición, Grau y sus naves iniciaron su retorno a aguas peruanas.176

Mientras los barcos peruanos navegaban hacia el norte de regreso, ignoraban los movimientos de los buques chilenos. Las dos divisiones enemigas avanzaban desde diferentes direcciones, en posición abierta, dispuestas a cercar a su objetivo.177

Al amanecer del 8 de octubre de 1879, el Huáscar fue avistado por la primera división chilena, lo que obligó a Grau a virar hacia el suroeste para luego volver al norte, a la máxima velocidad posible tratando de dejar atrás a sus enemigos. Poco después, el Huáscar y la Unión se encontraron con la segunda división chilena frente a Punta Angamos, la cual navegaba en abanico. Al percatarse de que el Huáscar no podría evadir el combate por su escaso andar, la Unión, de mayor andar, por orden del almirante, se abrió paso hacia el norte.177 Al proceder de esa manera, Grau cumplía las instrucciones dadas por el Director de Guerra, presidente Prado, que le obligaba a no comprometer a los buques de su mando, y que, en caso de verse rodeado por fuerzas superiores sin posibilidad de retirarse, debía cumplir con su deber.178

Luego, a las 9:40 de la mañana, siendo inevitable el encuentro, el monitor peruano afianzó su pabellón de combate y disparó los cañones de la torre sobre el Almirante Cochrane, a mil metros de distancia. Grau se determinó pues a presentar combate, a sabiendas que las probabilidades de salir airoso de la emboscada eran nulas. La Covadonga y el Almirante Blanco Encalada en esos momentos se hallaban a una distancia de seis millas con dirección al Huáscar, mientras que la O’Higgins y el Loa iban tras la Unión, persecución que resultaría infructuosa. El Almirante Cochrane no contestó inicialmente los disparos, sino que acortó distancias gracias a su mayor velocidad, estando a 500 metros, una andanada del monitor golpeó la banda del acorazado chileno haciéndolo bandearse por unos instantes, pero sin mayor daño y cuando estuvo a 200 m por babor del Huáscar, hizo sus primeros disparos, perforando el blindaje del casco y dañando el sistema de gobierno.

Grau en su torre, presintiendo lo inevitable y agachándose hacia la rejilla del piso, se despidió de Diego Ferré en un fraternal saludo de manos. Mientras tanto, las alzas de los cañones chilenos apuntaban hacia las partes vitales del monitor. Hacia las 10:00 a.m., un proyectil proveniente del Almirante Cochrane impactó en la torre de mando y al estallar hizo volar al contralmirante Miguel Grau y dejó moribundo a su acompañante teniente primero Diego Ferré.180 181

En tal circunstancia tomó el mando del buque el capitán de corbeta Elías Aguirre, quien continuó el combate con las naves chilenas. En auxilio del Cochrane llegó el Blanco Encalada, que, en su ansia de acabar de una vez con el monitor, se acercó demasiado y por poco se salvó de colisionar con el otro acorazado. Esta circunstancia fue aprovechada por el Huáscar para efectuar una hábil maniobra que le permitió colocarse en medio de los dos acorazados, disparando sus cañones sobre ambos alternativamente. Pero los acorazados cambiaron de posición rápidamente y sus 12 cañones sembraron la destrucción y la muerte en el monitor.182

Pese a sufrir graves destrozos en sus puntos vitales, el Huáscar no se rindió. Su comandante Aguirre intentó espolonear al Blanco Encalada, sin resultado, y poco después cayó muerto por un disparo del Cochrane, cuando se hallaba en el puente de mando dirigiendo el combate. Su sucesor en el comando fue el teniente primero José Melitón Rodríguez, quien también sucumbió heroicamente, cuando sacaba la cabeza de la tronera de la torre giratoria para apuntar uno de los cañones, momento en que un proyectil enemigo le voló la cabeza, cayendo su cuerpo inerte en el interior. Resultaron heridos el capitán de fragata Melitón Carvajal y el teniente segundo Enrique Palacios. Asimismo, el pabellón peruano cayó dos veces al suelo, al cortarse la driza por efectos de la metralla enemiga, siendo izado otras tantas veces, como demostración del propósito resuelto de sus tripulantes de no rendirse nunca.182 183

Hasta que, habiendo recaído el mando en el teniente primero Pedro Gárezon Thomas de solo 28 años de edad, este oficial, viendo que ya no era posible continuar la lucha por las condiciones en las que se hallaba el buque, con sus cañones inutilizados, roto su timón, y con parte de su tripulación muerta o herida, dio la orden de abrir las válvulas de fondo para inundar al monitor y de esta forma hundirlo para impedir su captura. Esta orden fue transmitida por el alférez de fragata Ricardo Herrera de la Lama, al 1° maquinista de la nave, Samuel Mac Mahon, quien se puso manos a la obra.184 183

A las 11:10 a.m. los acorazados chilenos suspendieron el cañoneo y enviaron una dotación armada en lanchas para proceder al abordaje. Esta tarea se vio facilitada debido a que el Huáscar tuvo que parar el movimiento de su máquina, lo que era necesario para apresurar la sumersión del buque. Cuando los marinos chilenos ingresaron a bordo, el Huáscar ya tenía 1,20 m de agua y estaba a punto de hundirse por la popa. Revólver en mano, los oficiales chilenos ordenaron a los maquinistas cerrar las válvulas y posteriormente obligaron a los prisioneros a apagar los fuegos que consumían diversos sectores de la nave. La nave, ya incapacitada para la defensa, acabó así por ser abordada por el enemigo

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Efemerides

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