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OXFAM: Perú un país Escandalosamente Desigual

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01/10/2015. Según el reporte difundido en Lima por la ONG Oxfam, el Perú es uno de los países mas desiguales de la región. Aquí algunos datos de esta  calamitosa situación, tras una década de bonanza económica no aprovechada,  lo avanzado podría perderse en poco tiempo, por no haber crecido reduciendo la desigualdad.

 

oxfam

 Para crecer hay que reducir la desigualdad

Disminuir la desigualdad es crucial para toda la sociedad. Los organismos multilaterales, como el

Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), han señalado que no solo importa crecer sino también cómo se crece, y para ello es clave hacer frente a la acumulación extrema de riqueza y oportunidades.

El argumento de que lo importante es crecer primero y solo después luchar contra la desigualdad es errado. Los países que reducen la desigualdad crecen más y por más tiempo, mientras que los que no la reducen pueden experimentar auges pasajeros, pero se quedan a medio camino, sin consolidar su desarrollo. Ese es el riesgo que corre el Perú.

desigualdad

Aminorar la desigualdad es clave para alcanzar mayor crecimiento.16 Un reciente análisis elaborado por especialistas del FMI determinó que aumentar la participación de los más pobres en el ingreso beneficia a la economía, mientras que incrementar la participación de los más ricos desestimula el crecimiento.

No una sino muchas desigualdades

La brecha urbano/rural no es un caso aislado.

Peruanos de la sierra y de la selva tienen el doble de probabilidades de ser pobres que los de la costa. Asimismo, aquellos cuya lengua materna es indígena tienen el doble de probabilidades de ser pobres. Las diferencias más escandalosas se dan entre regiones. Los habitantes de Huancavelica, Cajamarca o Ayacucho tienen entre cuatro y cinco veces más probabilidades de ser pobres que los habitantes de Lima Metropolitana.

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Estas cifras explican en parte la migración del campo a la ciudad y de las provincias a la capital, ante la falta de oportunidades y el atraso que persiste en buena parte del país.

No obstante la reducción de la pobreza, está aún afecta desproporcionadamente a los más vulnerables: niños y adolescentes. El porcentaje de pobres entre la población menor de 14 años casi duplica el porcentaje entre los mayores de 14 años. La desigualdad se observa también entre géneros: si bien los ingresos laborales han crecido en general, el ingreso laboral promedio de una mujer es un tercio menor que el de un hombre, prácticamente igual que una década atrás.

 

Un país dividido por la desigualdad

Dependiendo de dónde se nace y vive en el Perú, las diferencias en calidad de vida, acceso a servicios y oportunidades son tan escandalosas, que pareciera que estuviéramos hablando de otro país:

  • En Lima, el nivel de escolaridad en los adultos (casi 11 años) duplica el de Huancavelica (5.5 años), que está en niveles similares a los de Iraq e inferiores a los de Congo y Camerún.25 26
  • La tasa de mortalidad infantil de Lima (14 por mil nacidos vivos) es triplicada por Loreto (40 por mil nacidos vivos), cuya tasa es similar a la de Bangladesh y Camboya.27
  • En Huancavelica, la tasa de desnutrición crónica en la niñez (35%) es 10 veces mayor que la de Tacna (3.7%) y superior a la de Angola y Congo.

 

El acceso a los servicios básicos se ha ampliado, pero subsisten brechas considerables. Más de medio millón de hogares no tiene electricidad.

Más de 3.5 millones de viviendas son de material precario, y 2.5 millones tienen piso de tierra.29

Más de 1 millón de hogares no está conectado a la red pública de agua, y 2.5 millones carecen de alcantarillado. Se estima que 7 millones de peruanos no tienen aún acceso a agua potable segura, y muchos de quienes nominalmente la tienen, sufren recortes y mala calidad de suministro.30 31 En las zonas rurales, menos del 5% de los hogares consume agua clorada.

La desigualdad en el Perú es también la pérdida de oportunidades. Pese a mejoras recientes, los sectores más vulnerables aún ven bloqueado su acceso a una educación de calidad, esencial para reducir la pobreza y la exclusión. Entre la población de menores recursos, casi la mitad solo llega a estudiar primaria, y apenas uno de cada diez accede a educación superior (técnica o universitaria). La situación es peor para las personas en condición de extrema pobreza, pues apenas uno de cada treinta recibe educación superior.

Esta desigualdad en las oportunidades también se refleja en los jóvenes que no pueden acceder ni a un empleo ni a una educación (los llamados ‘ninis’).36 Se estima que uno de cada cinco peruanos, es decir 1.5 millones de peruanos entre los 15 y los 29 años, ni estudia ni trabaja.

Se estima, por ejemplo, que los programas sociales Juntos y Pensión 65 habrían permitido disminuir la pobreza en 1.5% adicional al año 2014. Ello  representa cerca de medio millón de personas que sin este apoyo podrían volver a caer en estado de pobreza.

 

Esta vulnerabilidad de los sectores con menores recursos y oportunidades, es aún más evidente al considerar la pobreza multidimensional, vinculada a las necesidades básicas insatisfechas (NBI).

Mientras que en 2012 eran 8 millones los pobres medidos monetariamente, si se consideraban  las carencias en servicios básicos, salud, nutrición, entre otros, el número real de pobres sobrepasaba los 11 millones. Estos son los ‘pobres invisibles’, que nominalmente están fuera de la pobreza monetaria, pero que sufren carencias y necesidades: viven en tugurios, no tienen acceso a agua segura, no consumen suficientes calorías y sus niños no van a la escuela.

 

¿‘Emergentes’ o ‘Vulnerables’?

No solo los pobres y excluidos están en riesgo de retroceder económica y socialmente. El fin del auge amenaza el bienestar de todos los peruanos, en particular de la llamada ‘clase media emergente’, conformada por quienes salieron de la pobreza monetaria en estos últimos años.

En el Perú, un 40% de la población (alrededor de 12 millones de personas) vive con un ingreso personal de entre US$4 y US$10 diarios, suficiente para mantenerlos por encima de la línea de pobreza monetaria. Sin embargo, ese ingreso no les permite la seguridad y estabilidad económica que define a la verdadera clase media, que posee capacidad y recursos para sobreponerse a situaciones de crisis. Para estos no pobres, la vulnerabilidad es el pan de cada día.

La situación de esta llamada ‘clase media emergente’ es tal que una persona con un ingreso inferior al salario mínimo (S/.750 mensuales) puede ser considerada parte de ese grupo. Esta ‘clase media emergente’ debería llamarse vulnerable, pues el menor contratiempo (pérdida de trabajo o una enfermedad familiar) los volverá a sumir en la pobreza.

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Ante el fin del auge se requieren políticas que generen crecimiento con inclusión y sostenibilidad, y fomenten la diversificación productiva. Sin embargo, la respuesta del Gobierno apunta principalmente por mantener la apuesta por el modelo del ‘Milagro Peruano’, adoptando medidas con un elevado costo fiscal, que amenazan con reavivar y profundizar la desigualdad económica y social.

Si consideramos las necesidades de financiamiento para ampliar y mejorar los servicios de salud, educación y programas sociales, nuestra recaudación tendría que elevarse significativamente. Lejos de fortalecer la tributación, el Gobierno ha optado por sacrificar ingresos fiscales mediante la reducción del impuesto a la renta. Esta medida incrementará la injusticia tributaria, y pone en riesgo el equilibrio fiscal y la disponibilidad de recursos futuros para la inversión social, tomando en cuenta que el Perú está aún por debajo de los promedios regionales en gasto en salud, educación y protección social.

Las medidas gubernamentales van en contra, incluso, de las recomendaciones del Fondo

Monetario Internacional, que planteó elevar la presión tributaria a 18% del PBI para el 2016 a fin de garantizar el financiamiento de los programas sociales.59 Sin embargo, esta meta se ha pospuesto hasta el 2021.

Los efectos del retroceso tributario ya están sintiéndose en las finanzas públicas. El Estado está gastando más de lo que recauda y las proyecciones del déficit fiscal se han duplicado por encima de los límites legales. Para financiar este déficit, el Estado viene aumentando la deuda pública, y se proyecta que hasta 2018 crecerá en unos US$15 mil millones.

Ya en el proyecto de presupuesto público para el 2016, los recursos del sector salud han disminuido respecto al año anterior.

Se estancan o incrementan mínimamente las asignaciones para los programas presupuestales de seguridad ciudadana, salud materno neonatal, atención al TBC-VIH/SIDA, y alimentación escolar, entre otros rubros; en tanto que se reducen los montos para el programa nacional de apoyo a los más pobres, saneamiento rural, mejoramiento integral de barrios, infraestructura hídrica para el agro, prevención y control del cáncer, y articulación de pequeños productores al mercado.

 

Menos tributación con más desigualdad

La tributación en el Perú padece dos males históricos: es insuficiente e injusta. No se recauda lo suficiente para financiar adecuadamente la salud o la educación. Pero además, se recauda mal: el grueso de la recaudación proviene de tributos como el impuesto general a las ventas (IGV), que grava los bienes y servicios que consumimos.

Aunque la injusticia del sistema tributario es conocida, no se ha avanzado hacia una recaudación más progresiva. Al contrario, con el propósito de reactivar la economía, el Gobierno decidió iniciar un proceso de rebaja gradual del impuesto a la renta corporativa, de 30% en 2014 a 26% para el año 2019, lo que beneficia, entre otros grupos, a los grandes contribuyentes. Esta medida supuestamente fomentaría la inversión y el crecimiento, y compensaría la pérdida de tributos. Sin embargo, la inversión privada no se ha expandido hasta el momento.69 Si se quería reactivar la economía, pudo haberse optado por reducir la tasa del IGV, que es una de las más elevadas de la región, lo que fomentaría la demanda por bienes y servicios, y beneficiaría a la población en general.

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El escenario para los próximos años es un sistema tributario que recaudará menos y será más injusto. Para los sectores populares, la carga vendrá por dos lados: seguirán pagando buena parte de la cuenta del Estado, pero además correrán el riesgo de ser más vulnerables si se estanca o reduce la inversión social.

 

El escenario que se viene

Las cifras y datos muestran una realidad diferente al discurso optimista del ‘Milagro

Peruano’. La reducción de la pobreza monetaria, o las mejoras en salud y educación, son pasos positivos, pero no bastan para un desarrollo integral y sostenible. Los próximos años serán ese desarrollo, o si seremos otro caso más de un país que se estanca.

Por ello, creemos que es necesario promover compromisos sobre tres elementos clave para la lucha contra la desigualdad: la justicia tributaria, la inversión social y la diversificación productiva.

 

Justicia tributaria

La recaudación en el Perú es inferior a lo que se requiere. Con un Estado anémico en recursos económicos, no podemos aspirar a una educación y una salud pública de calidad.

Los impuestos a la producción y al consumo, como el IGV, representan hoy más del 60% de la recaudación. Así, los bienes y servicios que la riqueza. Esta situación de injusticia tributaria empeorará con la reducción del impuesto a la renta, aumentando la desigualdad de las cargas.

Necesitamos un sistema tributario más justo y transparente, que recaude lo necesario y suficiente, de tal manera que el pago de impuestos no sea un castigo, sino un elemento esencial del contrato entre Estado y ciudadanía.

  • Disminuir el peso del IGV en la recaudación e incrementar el peso del impuesto a la renta hasta que al menos contribuyan en proporciones iguales a la recaudación total.

 

Inversión social

Los motores que impulsaron los avances sociales durante la pasada década fueron el crecimiento económico y la inversión social. Pero el motor del crecimiento ha fallado, por lo que es vital reforzar el otro motor y preservar los recursos para rubros críticos, como salud o educación.

  • Incrementar la asignación para la educación hasta alcanzar el 6% del PBI antes de 2021, en
  • Aumentar el gasto público en salud hasta alcanzar un nivel equivalente al 6% del PBI según lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud.
  • Elevar gradualmente el financiamiento del Sistema Integral de Salud (SIS), que atiende a los sectores de menores recursos, hasta el 1% del PBI, para garantizar su pleno funcionamiento.

 

Diversificación productiva

La necesidad de la diversificación productiva ha sido retomada en la agenda oficial. Se necesita fortalecer los esfuerzos para avanzar hacia una gradual transformación de la economía peruana –muy dependiente de las exportaciones de materias primas–, de tal manera que esta tenga mayores niveles de productividad y valor agregado.

  • Priorizar y ampliar los programas de apoyo a los pequeños productores rurales, tales como

Sierra Productiva y Sierra Sur.

  • Enfrentar los limitantes al crecimiento regional, en particular las brechas en infraestructura, enfatizando las regiones de menor desarrollo económico y social.
  • Priorizar los encadenamientos entre los sectores primarios y otros, en los que la generación de valor agregado y la sostenibilidad socio ambiental tengan mayor protagonismo.

 

Estos puntos no agotan una agenda para alcanzar la igualdad en el Perú. Más bien, deben considerarse como parte de los mínimos indispensables que debemos asegurar para no retroceder. Un país más próspero y más justo es posible, pero se requiere voluntad e interés de promover políticas públicas que tengan a la inclusión y a la equidad como ejes centrales.

Fuente: https://peru.oxfam.org/sites/peru.oxfam.org/files/file_attachments/Documento%20Peru%20%281%29.pdf

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