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Fui encarcelado injustamente tras el quiebre de la democracia en 1992.

Por

Por Yehude Simon

30/01/2016 El terrorismo de Sendero Luminoso y el MRTA fueron derrotados por todos los peruanos y peruanas que le dijeron NO a la violencia. El terrorismo fue vencido por un trabajo de inteligencia que tuvo poco que ver con la supuesta mano dura del gobierno más corrupto de la historia del país.

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Estar preso ocho años y medio significó un montón de sufrimiento para mí y para mi familia. Por largos periodos viví en condiciones deplorables, lejos de la luz del sol y del cariño del hogar. Comí alimentos indigeribles y malogrados. Dormí al lado de las ratas. Compartí celdas con criminales de alta peligrosidad. Fui testigo de un machismo asqueroso con las policías mujeres y las familiares de los reclusos. En una prisión campean el bullying y la ley de la selva.

No todo es drama y sufrimiento. En la prisión también redescubrí la dignidad humana. Conocí caso por caso los dramas de mis compañeros. Algunos habían cometido crímenes y estaban realmente arrepentidos. Otros tuvieron la oportunidad de no estar solos en sus batallas contra las enfermedades mentales, adicciones y tragedias vinculadas a la pobreza. Muchos de ellos eran personas muy pobres que recibieron sentencias desproporcionadas como 30 años de cárcel por robar una gallina.

La gratitud por estar vivo me permitió sobrellevar mi injusta condena y durante ese tiempo comprendí mejor que la libertad empieza por dentro. Como cristiano pienso que el sufrimiento puede tener una función redentora. También como cristiano creo que cada ser humano es un universo que debe ser protegido y dignificado.

Nuestros espíritus se transformaron, mis compañeros y yo encontramos que éramos una comunidad unida por el simple hecho de ser prisioneros. Con el tiempo descubrimos que también teníamos en común una pasión por hacer lo máximo de nuestras vidas y vivir con compasión y dignidad.

Mi sueño es que en mi Perú cada hombre y mujer tenga esa dignidad, que la pobreza material no prive de oportunidades de llevar a cabo un proyecto de vida. Quiero un país sin pobreza, pero también con riqueza en el alma. Un país en el que nos preguntemos cada día cómo podemos construir una sociedad basada en los valores. Trabajaré hasta la muerte por un país con calor de hogar.

Vamos a lograr una patria con oportunidades garantizadas por el solo hecho de ser humanos.

Aplicaré una política de seguridad que ataque las razones últimas del crimen que son la desigualdad, la corrupción y la falta de valores.

Tengo fe en un país reconciliado, seguro y justo.

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Opinión

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