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Fidel: Alma de la nación Latinoamericana

Por

23/01/2017

Por  Vladimir Cerrón Rojas(*)

El 25 de noviembre del 2016, ocurrió un golpe irreparable para la humanidad y el socialismo mundial, la muerte de Fidel, el mayor vocero de los pueblos oprimidos de América Latina, África y Asia, a quienes orientó sus mayores esfuerzos en la búsqueda de la utopía socialista. Su desaparición, indiscutiblemente trae consigo repercusiones mundiales, sobre todo en los pueblos que luchan por salir del colonialismo y el neocolonialismo, pues era el vivo ejemplo de resistencia y victoria, jamás pudo ser derrotado, nadie pudo doblegarlo, solo la naturaleza.

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Foto: Vladimir Cerrón frente a la tumba de Fidel Castro en Cuba

La Revolución Cubana que triunfara en 1959, inmediatamente después de su instalación, despertó pasiones a nivel mundial, pues se trataba del primer país socialista en este hemisferio que se apostaba tras librar una guerra de guerrillas del campo a la ciudad. Estados Unidos y sus aliados intentaron aplastarla por la fuerza pero no fue posible.

Fidel se convertía así en el ejemplo del incansable hombre de lucha, contribuyendo a la liberación no solo del pueblo cubano, sino de varios pueblos del tercer mundo, a quienes coadyuvó en sus luchas de independencia contra el imperialismo, sin que mediara algún interés material. Ese desprendimiento llegó a materializarse especialmente en Angola, Argelia, Nicaragua y Bolivia. Según la circunstancia que fuere, la Revolución Cubana, brindó soldados, médicos, profesores y técnicos, pues su presencia es indiscutible en América Latina.

En el año 1970 tras el trágico suceso del terremoto en Ancash, se hizo presente la primera acción de la revolución sobre nuestras tierras, Fidel fue el primero en donar su sangre y convocar al pueblo cubano para la ayuda internacional. También la revolución se hizo presente durante el terremoto de Pisco en el año 2007.

No puede pasar desapercibido la ayuda brindada por Fidel a la juventud del tercer mundo, que hizo posible la graduación de más de 80 000 médicos procedentes de América Latina, el Caribe, África, Estados Unidos, Pakistán y China, de forma totalmente gratuita. Así, del total de esa cifra corresponden al Perú más de 3000 galenos en una muestra de solidaridad y desprendimiento sin igual. Fidel era un hombre a quien la solidaridad era como el respirar, nos enseñó a pensar en términos de colectividad, muchos de los que pasaron por las universidades de la revolución son una prueba viviente en la práctica diaria, pues la formación universitaria es mucho más allá de lo académico, es la forja constante del hombre integral, del que aplica ciencia tras la conciencia.

Los aportes de Fidel siempre fueron puntuales e inspiradores, como sobre la deuda externa donde planteó que: “la deuda es impagable e incobrable por razones históricas, políticas y matemáticas”, conllevando a que muchos países adeudados renegociaran o prescindieran de esta forma de opresión. Sus últimos aportes sobre las amenazas mundiales al medio ambiente, los peligros de una guerra nuclear y el hambre que acecha al África, son una reflexión obligada que tenemos que ejercitar para sensibilizar nuestras almas en un mundo cada vez más anestesiado.

La vigencia de Fidel y la Revolución Cubana, permitieron que en Latinoamérica emerjan líderes de pensamiento socialista. La aparición en la escena de Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales, Dilma Rousseff, Pepe Mujica, Daniel Ortega, ente otros, esta última década, con toda seguridad hubiera tenido que esperar muchos años más, si no hubiese sido por la resistencia y sobrevivencia de la revolución. Es decir, la victoria de Cuba coadyuvó a incrementar la conciencia antimperialista latinoamericana. Ahí radica uno de los éxitos más grandes de Fidel.

En el campo de la cultura latinoamericana, la revolución contribuyó a incentivar y promover la literatura. La creación de la Casa de las Américas es un ícono en nuestro continente que ha inspirado a la intelectualidad en busca de la unidad de pensamiento. La revolución desde el primer momento convocó a la intelectualidad progresista y revolucionaria, pues su misma naturaleza emergía de ella. Una América culta, sería una América libre, como lo sentenciara el apóstol, José Martí.

La Revolución Cubana también nos enseñó que la existencia de un solo partido político en la conducción del Estado es la única garantía de unidad y la victoria del pueblo en la acción anticolonialista y antimperialista. Criticado por la derecha esta modalidad monopartidista, se pudo advertir el fenómeno desde otro prisma óptico, demostrándose que puede haber democracia en una sociedad con sistema monopartidista, como dictadura en sociedades con sistema multipartidista. Fidel expresó al respecto: “El sistema multipartidista lo introduce el imperialismo en nuestro país como instrumento de división y de desintegración de nuestra sociedad”.

Fidel tenía una profunda y absoluta confianza en la fuerza de las ideas, mencionaba que trincheras de ideas eran más fuertes que trincheras de piedras. Dedicó sus últimos años a escribir sus reflexiones, con un lenguaje sencillo que lo caracterizó, logrando siempre llegar a la conciencia del pueblo. La lucidez y el estilo irónico con que polemizó hasta sus últimos días contra el neoliberalismo y el imperialismo, demostraron la superioridad del socialismo. Esa fe en las ideas las obtuvo de propias experiencias, pues es sabido que cuando las ideas se apoderan de las masas, se convierten en fuerza material invencible.

La juventud, no solamente cubana, sino mundial, fue una preocupación latente de Fidel, sobre todo en los países donde se había avanzado al socialismo, pues los imperialistas aún cifran sus esperanzas en la vulnerabilidad de las nuevas generaciones, tratando de fomentar el desaliento, la desconfianza, el irrespeto, la pérdida de valores, la alienación, etc., lo que pondría en amenaza ineludible al sistema político. Por ello decía que el trabajo sobre la juventud, arcilla de la revolución, tiene que ser permanente y de alta calidad consciente.

Un gran aporte de Fidel acerca de los conductores de la revolución es cuando plantea que la misma no solamente puede ser llevada por militantes revolucionarios, puesto que nunca debe renunciar a contar con los ciudadanos honestos, aún no sean genuinamente revolucionarios, de manera que todo sector encuentre dentro de la revolución un campo donde trabajar y crear. Así, Fidel se convierte en el paradigma de una nueva cultura revolucionaria, cuyo legado no puede enmarcarse solamente al siglo XX, su pensamiento trascenderá aún muchísimos siglos, pues dudo mucho que alguien pueda ocupar su nivel en tan breve tiempo que nos da la vida.

Interrogado sobre cómo quisiera él que lo recordaran cuando muera, Fidel dijo que la gloria simplemente era un fenómeno relativo del cual nadie puede confiarse y por más grande que sea solo puede caber en una grano de maíz, haciendo alusión a José Martí. El 4 de diciembre del 2016, luego de una caravana que lo condujo desde La Habana hasta su natal Santiago de Cuba, las cenizas de Fidel fueron depositadas en una inmensa roca, traída desde la Sierra Maestra, lugar donde se levantó en guerra de guerrillas para derrocar a la opresión del capitalismo en Cuba, custodiado por jóvenes militares del ejército que él formó.

Consecuente a la filosofía marxista-leninista-martiana, la misma que se contrapone a la idolatría de la personalidad, Fidel ha dejado testamentado la prohibición que cualquier calle, escuela, universidad, etc., lleve su nombre en su memoria y que no se levanten monumentos para recordarlo. Ciertamente, pueden haber enterrado al hombre, pero jamás podrán enterrar sus ideas, sus ejemplos, las glorias dadas al pueblo, su legado de resistencia y victoria ante el imperio más grande que ha conocido este planeta, como él mismo lo decía. Solo se ha enterrado la materia cuantitativa, porque la materia cualitativa vive en cada uno de los hombres que, tras sus ejemplos, siguen luchando por el socialismo.

(*) Ex presidente regional de Junín, ex candidato presidencial de Perú Libertario.

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