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Entrevista a Silvio Rodríguez: “No sé vivir sin trabajar”

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El artista habla con La Tercera(Chile) de su nuevo álbum, Amoríos, y de cómo enfrenta la adultez artística y el escenario de un posible retiro.

27/12/2015 Silvio Rodríguez (69) sabe que parte de sus proyectos discográficos a veces chocan como una suerte de paradoja con la realidad de su tierra natal. Mientras Cuba es hoy uno de los países con menor tasa de conectividad a internet en el planeta, con sólo un 5% de la población con acceso a la web, sus representantes subrayan a través de comunicados oficiales que su nuevo álbum, Amoríos, sólo estará disponible en formato digital y que podrá ser pesquisado en vitrinas internacionales como Spotify y iTunes.

“Es cierto que Cuba no tiene tanto internet como otros países”, reafirma el cantautor, en entrevista vía mail con La Tercera.

¿Qué le genera que el público de su país prácticamente no pueda escuchar de modo gratuito su nuevo álbum, a diferencia del resto del mundo?

Ultimamente se vienen abriendo puntos de conectividad en toda la isla. Hoy día se puede ver gente conectada con teléfonos y tabletas en muchos lugares. Donde sí hay muy poco Internet es en los hogares. Por otra parte, desde que existe mi sello Ojalá, todos mis discos han tenido ediciones para nuestra gente. En el concierto de estreno habrá una venta para nacionales, en pesos. O sea, los primeros Amoríos físicos, no virtuales, que aparecerán en el planeta Tierra los vamos a vender allí, el mismo día del lanzamiento internacional (fue el pasado lunes 21).

Sean amoríos físicos o virtuales, su nuevo álbum es un trayecto de vuelta a su era más insigne: los días en que se constituyó como el cantautor más célebre e influyente crecido en la nueva trova cubana. Estrenado precisamente a principios de la semana pasada, y sindicado como el título que rompe un silencio discográfico de seis años luego de Segunda cita (2009), Amoríos es una colección de antiguas piezas románticas escritas entre 1967 y 1980, las que nunca vieron la luz, pero hoy refaccionadas bajo las posibilidades de la modernidad y la impronta del cuarteto de jazz con que ha diseñado sus últimas obras.

“Siempre que tenía la oportunidad de hacer un disco, generalmente debía dejar fuera una buena cantidad de temas, que después se me iban quedando atrás. Esa es la razón por la que hoy puedo hacer Amoríos. Todas estas canciones tienen que ver entre sí porque todas me gustaban y, a veces, las refrescaba en mi cabeza. Tenía muy claro cómo las quería”, describe.

Al presentar un nuevo álbum, ¿siente la misma motivación que tenía hace 30 o 40 años? 

Presento nuevos proyectos porque los llevo a cabo. No sé vivir sin trabajar. Ahora mismo tengo otros cuatro discos entre manos, además de Amoríos. Si me demoro entre trabajo y trabajo es porque no estoy sometido a la oferta y la demanda, sino a un ritmo propio. Eso me da el extraordinario privilegio de ser exigente hasta la saciedad.

¿Qué es lo que más ha cambiado en usted cuando se enfrenta a la coyuntura de hacer nueva música?

Puede que el tiempo facilite una visión un poco más serena. Le dedicas su tiempo a cada árbol, pero también tomas distancia para observar el bosque.

Sus últimos álbumes tienen una intención más política, con alusiones a EE.UU. y a personajes como Allende. Lanzar este trabajo, ¿era una forma de descansar de estos tópicos en su adultez?

Con Amoríos me propuse juntar canciones de ese otro tipo de amor que también nos resulta imprescindible. En ese sentido, es un viejo proyecto.

El concepto de “amorío” apunta a una relación pasajera y superficial. ¿Encarnan esa acepción los temas de este disco? 

Seguramente no es muy justo, pero con el tiempo se tiende a ver lo que pasó con cierta levedad. Habría que remontarse atrás y volver a verlo y sentirlo todo desde sus circunstancias. La lejanía nos permite llamar amoríos a relaciones que no fueron superficiales, pero sólo pudieron trascender evocándolas.

En este título también insiste en su gusto por el jazz, tal como en los últimos años. ¿Se puede considerar que la trova más tradicional está en retirada en su obra? 

Me gusta como suenan los instrumentos acústicos. Supongo que es algo que siempre va a conectar con los humanos. Ahí está el origen de todo. Y, por supuesto, también sucede que con los años me he ido acercando más a lo jazzístico. Yo nunca hice trova tradicional, aunque por supuesto es una de mis fuentes originales. Incluso en La canción de la trova, que es mi primer “arte poética”, canto a lo nuevo, desde una forma tradicional: “Las cosas suelen transformarse siempre, al caminar”.

 

En 2016 cumple 70 años. ¿Se ha acercado a la idea del retiro con mayor frecuencia?

No contemplo retirarme completamente en lo inmediato, aunque a partir de algún momento puede que dedique más tiempo a organizar algunas zonas de mi trabajo y a otros asuntos.

En el último año, cuando a Rodríguez le llegó la hora de organizar las obligaciones laborales de su agenda, de seguro apareció un compromiso que no contemplaba su hoja de ruta inmediata: su participación en julio como invitado de la reapertura de la embajada cubana en Washington, cuando corrigió consignas y reinventó una proclama histórica: “Cuba sí, yanquis también”.

“Fue una sorpresa total y un honor para mí estar como invitado”, califica el artista ante otro de los hitos que materializó la reanudación de relaciones entre su país y EE.UU. luego de 53 años, acercamiento anunciado hace un año, en diciembre de 2014.

Si le propusieran realizar una gira por EE.UU., incluyendo Miami, como parte de la reapertura de las relaciones ¿lo aceptaría?

Depende de quién y de cómo me lo propongan.

A un año de esta decisión, ¿ve cambios significativos en Cuba? 

Cuba viene cambiando desde antes del anuncio de relaciones, aunque hay cosas que todavía esperan. Confío en la voluntad de superar errores. Confío también en el diálogo, en un plano de igualdad. La vida está demostrando que hablar y tratar de comprenderse es mejor que pelearse.

Con la muerte de Chávez, el triunfo de la oposición en Venezuela y la salida de Cristina Fernández del gobierno argentino, ¿cree que es un buen momento para la izquierda en Sudamérica? 

Son diferentes las realidades de Venezuela y de Argentina. Yo no les comparara con ligereza. Aunque en ambos países veo bastante perspectivas a las izquierdas.

Fuente: http://www.latercera.com/noticia/entretencion/2015/12/661-661649-9-silvio-rodriguez-no-se-vivir-sin-trabajar.shtml

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