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CIUDADELA INCA DE MOQUEGUA FUE DESTRUIDA POR ERUPCIÓN DEL HUAYNAPUTINA EN 1600

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02/11/2018 La erupción del volcán moqueguano en febrero de 1600 es considerada una de las cinco más violentas que se han registrado en el planeta en la era cristiana.

Para tener una idea, se puede señalar que la erupción del Vesubio fue menor a la del Huaynaputina. La primera tuvo un índice de 4 y la del volcán moqueguano, alrededor de 6, en una escala que va de 0 a 8.

Fuente: Andina

La destrucción ocasionada por las explosiones del Huaynaputina se puede sintetizar en más de 1,500 personas muertas. No solo afectó toda la zona del sur del Perú, sino también La Paz, en Bolivia; y Arica, en Chile.

Producto de las investigaciones se sabe también que ocasionó uno de los mayores impactos en el clima global, al ocasionar el descenso de la temperatura en cerca de 1.3 grados, sobre todo en el hemisferio norte. Sin embargo, poco se conocía de la afectación directa en los pueblos aledaños al Huaynaputina.

Por ello, el Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico (Ingemmet) lideró el proyecto de investigación científica Huayruro, orientado exclusivamente a estudiar el impacto de la erupción en los pueblos e infraestructura aledaños, así como en el clima.

Crónicas de la época reportan la afectación de al menos 17 poblados del sur peruano. El equipo liderado por el Ingemmet ha estudiado tres: Calicanto, Cojraque y Estagagache.

Hallazgos

Jersy Mariño, especialista de la Dirección de Geología Ambiental y Riesgo Geológico del Ingemmet, afirmó: “Es evidente que la erupción del Huaynaputina destruyó y cubrió parcialmente la ciudadela inca, andenes y demás infraestructura”.

Los trabajos geológicos han demostrado que la ciudadela de Estagagache, así como los sistemas de andenes contiguos, están cubiertos por depósitos piroclásticos (ceniza y pómez o piedra volcánica) de entre 0.4 metros y 1 metro de espesor, emplazados durante la erupción de 1600 d. C.

En Estagagache se han identificado más de 33 estructuras rectangulares (de entre 5 por 11 metros cuadrados a 15 por 12 metros cuadrados), que corresponden a viviendas y almacenes; dos estructuras circulares, que habrían sido corrales; todos construidos con piedra y barro, materiales usados por los incas.

Además, en la zona existen cientos de andenes distribuidos en más de cuatro kilómetros cuadrados y canales de agua.

Si bien es cierto no se han encontrado restos humanos (no se trata de un proyecto arqueológico), sí se han hallado fragmentos de cerámica.

Depósitos de ceniza y pómez de un metro de espesor, sumados a las lluvias de la época (la erupción fue en febrero), provocaron una gran presión sobre los techos de las construcciones y su colapso, explicó al Diario Oficial El Peruano.

“Pensamos que de esa manera las viviendas fueron parcialmente destruidas y, al parecer, abandonadas después”.

La identificación y ubicación de la infraestructura sepultada por la erupción del Huaynaputina fue posible con georradares, cámaras infrarrojas y drones.

Mariño aclaró que “falta confirmar si durante la erupción antiguos peruanos vivían en esa zona o si abandonaron el lugar antes, debido a explosiones o a la actividad sísmica”.

Expedición

A la zona de Estagagache solo se puede acceder a pie. El equipo de investigadores partió en vehículo de Moquegua, pasó por los distritos de Omate y Quinistaquillas, a tres horas de la ciudad aproximadamente; en este punto empieza la expedición.

Tras unas tres horas de caminata, a dos kilómetros de la margen izquierda del río Tambo y entre 2,000 y 2,400 metros sobre el nivel mar, la misión llegó a Estagagache, que ahora está deshabitada.

“Lo primero que hicimos fue hacer vuelos con dron para tener una base cartográfica a nivel de detalle de Estagagache”, narró, al precisar que las visitas de campo fueron en mayo y agosto.

Gracias al trabajo desplegado por el Ingemmet, ahora existen herramientas para iniciar excavaciones arqueológicas.

“Hoy tenemos una base cartográfica de alta resolución de toda la zona; mapas cartográficos y modelos de elevación digital del terreno, que nos permiten hacer un mejor reconocimiento de los depósitos que el volcán emplazó y también de la infraestructura”, detalló.

Mariño dijo que este “gran aporte” es puesto a disposición de los investigadores.

Puesta en valor

Jersy Mariño sostuvo que “hay mucho por investigar” y, tras el trabajo liderado por el Ingemmet, ahora corresponde la intervención de otros especialistas. “Los arqueólogos tendrán que hacer excavaciones, pues existen habitaciones que tienen de medio metro a un metro de cenizas y pómez. Hay señales de que la zona estaba habitada, pues en los tres lugares estudiados hemos encontrado fragmentos de ollas y vasijas de cerámica”.

Las zonas de Estagagache, Calicanto y Cojraque deben ser puestas en valor para generar un nuevo circuito turístico, que permita mejorar la calidad de vida de la población de Moquegua, sentenció.

Así, se deben construir vías de acceso, un museo de sitio, entre otras obras.

Fuente (textos): Jessica Olaechea Tejada/El Peruano

 

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Cultura

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