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23 de setiembre de 1992, un día como hoy. Espeluznante testimonio de tortura y masacre a estudiantes UNCP

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23/09/2017

…“hasta que un 23 de setiembre, recibí una llamada telefónica que me dijeron «tu hijo se encuentra abandonado en el paraje denominado La Huaycha, del distrito de Mito». Inmediatamente, tomé un taxi y fui a buscarlo, también fue grande mi sorpresa al llegar allí de encontrar gran cantidad de jóvenes que celebraban el día de la juventud”…

Espeluznante testimonio de tortura y masacre a estudiantes de la Universidad Nacional del Centro del Perú en las épocas de violencia social (1992), fragmento que se recoge del libro ‘Historia Censurada de la UNCP’, del autor Dr. Vladimir Cerrón.

 

El valioso testimonio de un sobreviviente

Este es el testimonio vivo del estudiante de la Facultad de Ingeniería Eléctrica y Electrónica de la UNCP, Miguel Ángel Cieza Galván, secuestrado por miembros del ejército peruano, torturado en las instalaciones del Cuartel 9 de Diciembre de Huancayo y puesto en libertad debido a las presiones dentro del mismo ámbito castrense. Luego de ser liberado, Cieza fue refugiado en la República de Uruguay donde realizó una declaración notarial para presentarla a los organismos de Derechos Humanos, protocolizada en la ciudad de Montevideo, el 17 de julio del 2002, bajo la fe de la notaria Esc. Estela Rosa Helguero Soares Netto (436), la misma que mantiene el original en su poder.

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Cieza era dirigente estudiantil de su Facultad y era comensal universitario, fue secuestrado el martes 25 de agosto de 1992, en la calle Ayacucho de la ciudad de Huancayo, a las 10 a.m., por dos individuos que lo introdujeron violentamente en un automóvil: “abrió la puerta trasera del auto, inclinó mi cabeza, luego me hizo entrar inclinándome boca abajo en el asiento y puso una campera en mi cabeza que tapó a medias mi visión, luego puso su pierna sobre mi cabeza y el arma cerca de mi cuello que lo tuvo presionando en todo momento, luego exclamó en voz fuerte: lo tenemos… me colocaban una venda que me cubría toda la cara y en especial los ojos, luego se me puso una bola de esponja en la boca sujetada por una cinta fuertemente atada a mi cabeza”. Luego fue conducido al cuartel y encerrado en una habitación donde fue vilmente torturado e interrogado: “¿qué sabes de las pintas de la Universidad?, ¿qué sabes de los demás dirigentes de la U?, ¿qué carajo sabes de los terrucos de la U?, habla – esta voz repetía y repetía esta frase. Esto sucedía mientras las esposas me rasgaban la piel de las muñecas… me inclinaron en una tina de metal que estaba llena de agua y me sumergieron toda la cabeza a tal punto que aspiré agua… hasta el punto que decidí morir… alguien tomó un madero de forma cuadrada y con ella golpeó mis plantas de los pies, mis pies literalmente se partieron por la mitad” (436).

Cieza presenció, al día siguiente a las 2 de la madrugada del miércoles 26, la captura y tortura de Edgar Chahuayo Quispe, quien fue llevado a las mismas instalaciones a quien conocía porque también era dirigente del Tercio Estudiantil de la academia preuniversitaria. Según la CVR, Chahuayo desapareció el 25 de agosto de 1992, fecha que coincide con la captura de Cieza. Este último fue trasladado hacia otra habitación con los ojos vendados todo el tiempo y pudo reconocer a un individuo que los militares lo llamaban “Guarano”, cuyo nombre real es Héctor Riveros Izarra, quien había desaparecido en una intervención a la universidad, su familia lo buscó en todas las dependencias policiales y militares sin obtener respuesta. Cuando Cieza se refiere al “Guarano” manifiesta: “del lado derecho al frente había un camarote en donde en la parte superior estaba alguien uniformado de soldado, uniforme totalmente completo”, también sintió la presencia de más personas en esa habitación. Uno de los que se percató de que Cieza iba reconociendo el espacio le hizo una seña: “me movió la cabeza e hizo un signo de silencio y apuntó hacia el camarote en la parte superior donde estaba el uniformado, entendí por esto que me estaba advirtiendo que estaba vigilado por ese individuo” (436).

Cieza nuevamente fue torturado. Otro detenido en la habitación era un apodado “taxista” quien le refiere a Cieza al oír unos gritos de tortura: “lo conoces, le dicen agilito, lo están haciendo mierda, después de tiempo no golpean así como a un tal Edwin Salazar y su mujer, a éste lo colgaron del techo toda la noche (hablaba de Chahuayo)”. Una vez Cieza en la habitación, con las vendas en los ojos, la misma que pudo retirarse parcialmente, grande fue su sorpresa al reconocer a otro detenido el mismo día miércoles 26, era Hugo Ponce Vega, a quien lo conocía del comedor universitario y lo habían secuestrado juntamente con su enamorada. Vio otra muchacha a quien luego de preguntarle su nombre respondió que se llamaba Flor Salvatierra Soto. Esa noche torturaron físicamente a Hugo Ponce: “a duras penas se arrastró hacia su novia y la besó, ambos lloraron y al ver ésto lloré también… no pasó más que un par de minutos y los carceleros volvieron agresivamente ingresaron fueron directamente hacia Hugo y se lo llevaron”. Al día siguiente jueves 27: “mal presagio para este día, pensé, luego a la chica que estaba a mi derecha (Flor) le pidieron que se vistiera y recogiera todo lo que tenía, luego sentí que se la llevaron”. Según la CVR, ambos fueron ejecutados extrajudicialmente el 26 de agosto.

Cieza continúa su relato: “luego trajeron a otra persona y por la voz deduje que era otra chica, su voz era conocida y la pusieron donde estaba Flor, asimismo al Guarano le hicieron lustrar sus botas y que se arreglase que iba a salir, luego de esto se fueron, yo empecé a ver por la rendija de mi venda y observé a la que había llegado, e inmediatamente la reconocí, es Miriam Navarro Concha, era la secretaria de la preuniversitaria, ella me miró y no me reconoció, miró al Guarano, éste no quiso mirarla, pero ella lo reconoció y le dijo – ¿cómo estás? – él le respondió – bien, fue cuando las puertas de la reja comenzaron a sonar así como la de madera, entraron y dijeron – Guarano vamos- y se empezaron a reir”. Una vez que se fueron Miguel preguntó a Miriam: “viste al Guarano – sí respondió -, qué imaginas que hace – le dije -, si sé lo que hace y está mal (se refería al hecho de identificar a los dirigentes de la U. o a quien se le ocurra), dijo”. Según la CVR, Navarro Concha fue ejecutada extrajudicialmente el 25 de agosto, es posible que esta fecha sea un error porque el jueves 27 fue vista por el testimoniante. En una habitación contigua interrogaban a una mujer que respondió al nombre de Ana Ñahui: “yo la conocía también era secretaria de la preuniversitaria de la UNCP, colega de trabajo de Miriam, ella trataba de describir a alguien repetía frases como ahí está. Esto sólo confirmaba que todo el círculo de dirigentes de la U. estaban siendo detenidos” relata Cieza.

El viernes 28 y el sábado 29 pasaron con algo de tortura física. El domingo 30, Cieza preguntó al Guarano por qué lo había apuntado y él respondió: “Sólo sé que te estaban siguiendo desde hace tiempo y no sé quién te apunto pero es alguien de aquí del cuartel”. Luego a Cieza se le practicó una tortura psicológica: “era nada menos que la práctica de mi posible asesinato, el primer gatillo me sorprendió, pero el segundo durante la recarga pensé que era mi fin y cerré los ojos y esperé la bala, cuando sonó respiré lentamente”. Luego fue torturado a culatazos hasta dejarlo inconsciente. Posteriormente trajeron otra detenida, era Juana: “la traían de la otra habitación era colega de trabajo de Miriam a su vez yo la conocí ahí, hablaba demasiado parecía indicar la ubicación de algo o de alguien… Coordiné con Miriam suicidarnos si esto se complicaba, ella aceptó”.

El jueves 3 de septiembre, a Cieza lo llamaban por su alias puesto por los militares “tombito”, porque confesó que su padre era policía de la 7ma Comandancia de Huancayo con la esperanza de que lo soltaran. Ese día, como todos, lo torturaron y llevaron a la primera habitación donde fue golpeado, solo que estaba más húmeda: “es aquí donde me golpearon al principio, estaba el banco de madera, la soga, la tina de lata, había sangre seca en el piso… había alguien maniatado y con la boca tapada semidesnudo lo reconocí de inmediato Augusto Galindo de la Facultad de Ing. Química a su vez más al otro lado, otra figura era de otro colega de Augusto que por cierto andaban juntos, parecían marido y mujer, era Justiniano Vicente ambos si no me equivoco eran tercios de Química… luego vinieron por ellos y los comenzaron a golpear, no les preguntaban nada… la sesión duró mucho tiempo, entre los gritos y el alarido tenebroso sólo podía atinar a no moverme”. A las 11 p.m. trajeron a otro estudiante al que los militares apodaron Trapizomba: “es una persona que le es difícil pasar desapercibido lo conocí de vista ya que era comensal”. La madrugada del viernes 4 de septiembre Trapizomba fue cruelmente torturado. Esa misma noche se llevaron a Justiniano.

El sábado 5 de septiembre, encerrado y vendado los ojos, Cieza percibió que trajeron más personas a la habitación. A Miriam le preguntaron por Rony Guerra Blancas y por Milagros Túpac Gonzáles prometiéndole que si los llevaba a su domicilio la iban a soltar, al parecer Miriam accedió. Luego le preguntaron por Tunque Lizama y vio que en la habitación contigua estaban golpeando a un tal Marlon Huamán Adauto. Según la CVR, Rony Guerra y Milagros Túpac desaparecieron el 11 y 12 de febrero de 1993, respectivamente, y en la misma lista a Cieza Galván lo consideran desaparecido el 29 de agosto de 1993. Esto pone en evidencia la poca seriedad de la CVR en cuanto a constatar la fecha de los sucesos, tomando mayor importancia el testimonio de Cieza. Acerca de Marlon Huamán menciona que fue desaparecido en 1992.

Al día siguiente, domingo 6, Cieza hace una reflexión: “Solo el miedo a no comer me aferró a la vida, así de ridículo se sostenía mi existencia… a Miriam le aferró la vida las promesas que le hicieron los militares, por eso toleraba todo, el hecho es que yo no confiaba en nadie ni en Miriam porque como se ponían las cosas la desesperación haría que por vivir mintiesen y claro alguien de seguro sería perjudicado”. Ese domingo, como todos, escuchaban desde la habitación la misa que se ofrecía en el patio del cuartel: “el cura habló nuevamente de paz y amor, las cosas eran difíciles pero el pueblo peruano estaba saliendo adelante”. El miércoles 9 por la mañana trajeron a alguien: “observé que está duramente golpeado y esposado con las manos hacia la espalda cubierto los ojos, tenía unos zapatos de vestir color marrón, pantalones color claro gris y una camisa manga larga, esta última se encontraba ensangrentada, me le acerqué y le pregunté su nombre Zócimo Curasma, respondió, le levanté la venda y me miró así mismo lo miré no lo conocía, pero dijo que estudiaba en la U… me duelen las muñecas – respondió… lo habían colgado con las esposas por mucho tiempo y las muñecas están prácticamente cortadas… le dije que no se moviese, busqué un alambre pequeño y delgado fue cuando encontré un sujeta papeles o clip, lo desglosé y a Zócimo le aflojé las esposas para que moviese las manos libremente, éste me lo agradeció y le dije que se lo pondría más arriba… Más tarde Miriam me decía que él era el marido de Juana y que ella lo hizo atrapar, que además Juana dice haberse embarazado de un oficial y a esta altura creo yo también, la miré, le dije – si eso es verdad y si les pasa algo, en la morgue el ADN de ellos estará registrado y los conducirá en contra de ellos mismos, no creo que sean estúpidos – ella me miró con susto, era obvio, le estaba diciendo que la matarían hiciese lo que hiciese”. El jueves 10 de septiembre trasladaron a Cieza a otra habitación donde estuvo cautivo con: “Juana, Guarano, Miriam, Augusto, Justiniano, estos dos últimos seriamente dañados… se los llevaron al segundo cuarto donde estaba el taxista y Zócimo a estos no los volví a ver… cerca de la medianoche, se abrieron las puertas, sin mediar palabras se llevaron a Juana le decían que la soltarían y que se fuese a casa que estaba todo arreglado y sobre todo que se fuese de la ciudad y que no dijera nada de lo que sabe, que se portó muy bien, dicho esto se llevaron a Miriam también… más tarde de madrugada regresaron con Miriam, esta estaba callada luego que se retiraron los militares nos habló y dijo que a Juana la mataron cerca de un río”. Para la CVR, Zócimo Curasma Sulla y Juana Ñahui Vilca fueron ejecutados extrajudicialmente el 27 de agosto de 1992, fecha dudosa según el testimonio de Cieza.

El sábado 12, después del desayuno, Cieza fue trasladado hacia otra habitación: “me cubrió con una manta y me tomó por el cuello, me sacó del cuarto y me introdujo en la parte trasera del jeep militar, este se movió y zigzagueó luego se detuvo, me bajaron del jeep y me metieron en una habitación… alguien se me acercó: sabes tombito hay una estrella que te protege – dijo el primer oficial… Mierda si sales de aquí, no sabes, no viste nada – dijo el segundo oficial, Si oficial lo que Ud. diga – respondí, No mierda, aquí no hay oficiales, ni soldados, ni nada entiendes – dijo el segundo oficial… murmuraron que se trataba de un general de la policía que “estaba presionando al nuestro” esa fue la frase que me animó y vitalizó”. Cieza logró ubicarse: “parecía un baño abandonado, pero en buenas condiciones… se ubicaba frente a un campo de futbol cinco, pavimentado, cursando este se encontraba el comedor de las tropas del ejército, en el cual había una leyenda que decía Cuartel Nueve de Diciembre – Huancayo con letras negras y la pared verde, la habitación donde estaba se encontraba debajo de una tribuna… A partir de ese momento no me imaginaba lo que es estar solo incomunicado sin saber siquiera lo que es un sonido, cualquier sonido”.

Todo este tiempo estuvo incomunicado, el viernes 18, continúa: “estaba listo para morir, de tarde un oficial entró y me preguntó – conoces a Luis Tocas Villanueva y a Javier Gómez Gaspar – los conoces, me suena ese nombre pero no lo ubico, oficial, pero creo que son de la U., respondí”. Continuó en el aislamiento hasta el lunes 21 de septiembre que: “recibí la visita de nada menos que del General, hombre de contextura gruesa y poco pelo”, quien se limitó a hacerle unas preguntas al cabo del cual se retiró. El martes 22: “me subieron al jeep y me trasladaron al primer cuarto donde me encontré con Miriam, el Guarano (Héctor Riveros) y con una sorpresa con Javier Gómez Gaspar… pensé que esa noche me iban a matar ya que no creía que me dejarían con vida… pero ese día no importaba, la libertad al morir hacía más fuerte, no más hambre, no más miedo, y que Dios bendiga a mi familia sería la frase que repetiré mientras las balas me perforen el alma… me buscaron de noche cerca de las 10 p.m. creo luego de reiteradas amenazas de que me matarían si me ven en Huancayo donde esté y donde vaya que haga silencio, me decían, a la vez que me subieron en la parte trasera del jeep y me llevaron de regreso al tercer lugar donde estaba solo, ahí me dejaron y me dormí”. Según la CVR, Javier Gómez Gaspar fue desaparecido el 21 de septiembre de 1992 y Luis Alberto Tocas Villanueva fue ejecutado extrajudicialmente el 29 de septiembre de 1992, estas aseveraciones coinciden totalmente con lo planteado por Cieza.

El miércoles 23 de septiembre: “a la 1 o 2 a.m. tenía ganas de orinar y como conocía el lugar me fui con dirección al baño, sorpresa cuando me acerqué vi en el banco de madera ahí, que aplastaba a dos cuerpos hinchados, me acerqué era Justiniano Vicente y Augusto Galindo, estaban muertos bañados con agua como si los estarían limpiando, me repuse y me dirigí al baño y oriné, cuando regresé alguien al fondo estaba atado golpeado pero vivo, era Tunque Lizama creo porque se parecía a él tenía muchas mordazas pero vivía, al rato sentí los autos, yo me fui a mi lugar, me hice el dormido, eran los militares que venían por los cuerpos y por el que estaba vivo amarrado ahí, luego me buscaron”. Este dato cobra mucha fuerza si consideramos que la CVR también asevera que Alejandro Tunque Lizama fue ejecutado extrajudicialmente el 24 de septiembre de 1992. En cuanto a Justiniano Vicente Rivera y Augusto Galindo Peña, la CVR asevera que fueron ejecutados extrajudicialmente el 7 de septiembre de 1992, dato que contradice el testimonio de Cieza.

Ese mismo día Cieza fue cambiado de ropa, subido a un jeep y conducido a alta velocidad, le quitaron las esposas: “aléjate me decía una voz, y cuenta hasta cien después quítate la venda. Eso hice conté hasta cien y me quité la venda, el auto verde petróleo con vidrios polarizados, un jeep cuatro por cuatro se alejaba en dirección a la provincia de Concepción… como no tenía zapatos improvisé, me puse pasto dentro de mis medias, y caminé hasta el puente que comunica ambas márgenes del río Mantaro… pero ellos no contaban con que yo tenía pariente por esa zona la cual la conocía perfectamente, una vez de la otra márgen me dirigí al pueblo de San Luis que prácticamente era como caminar 5 km… llegué al poblado ahí un campesino me miró seriamente, pero cuando le hablé cortésmente éste me miró más fijo y me reconoció, yo le había preguntado por mi tío el asintió y se fue a buscarlo, a partir de ahí mi historia es distinta, yo pesaba antes de mi secuestro 64 kg. Ese día de mi liberación solo 48 Kg. Me torturaron de las tres formas existentes 8 días de forma física, luego 9 días de forma mental viendo las torturas de los otros, en el menor de los casos sólo escuchaba a 1 m. de distancia sus gritos y lamentos, luego 11 días de aislamiento total que daña seriamente la parte psicológica”. Pero Cieza no solamente presenció eso, sino los vejámenes sexuales más bajos que hicieron con las prisioneras, que por razones de respeto a sus memorias no sería bueno detallar. También constató que todos los que vio en el cuartel fueron muertos, excepto Héctor Riveros Izarra, el Guarano.

Según el testimonio del padre de Cieza, en la Audiencia Pública – 2002 ante la CVR, manifestó: “Me dediqué a averiguar en el servicio de inteligencia de la policía, con resultado negativo, entonces tuve que evocarme exclusivamente al cuartel 9 de diciembre de Huancayo. Pero, ¿qué hacer?… señores, recibí el apoyo de mis compañeros de trabajo, recibí el apoyo de mis jefes, amigos, familiares y así pudimos, señores, infiltrar a un amigo al cuartel 9 de diciembre, fue el primero de setiembre. Ese mismo día a las 10 de la mañana, tuvimos el resultado de que Miguel Ángel se encontraba dentro del cuartel, inmediatamente, fuimos a la fiscalía y recurrimos al cuartel, porque mi interés era certificar que estaba ahí presente físicamente Miguel Ángel, pero en el cuartel no nos dejaron entrar, ni a mí, ni a la fiscala, pese que yo decía que yo lo había visto… recurrí a donde yo mejor pensaba, entonces busqué amistades, busqué instituciones titulares que me apoyaran, fui al comando de la policía nacional de aquel entonces, fui al poder judicial, al clero; señores, moví cielo y tierra, solamente quería que constate que mi hijo estaba ahí y los muertos seguían apareciendo, a diario concurría a la morgue para buscar su cadáver, pero al no encontrarlo… me quedaba una luz de esperanza. Así pasaban los días, hasta que una vez, en una reunión de autoridades me llevaron, me dijeron de que el chico sí se encontraba en el cuartel… Los días transcurrían, la violencia política señores, se acrecentaba más y más, hasta que un 23 de setiembre, recibí una llamada telefónica que me dijeron «tu hijo se encuentra abandonado en el paraje denominado La Huaycha, del distrito de Mito». Inmediatamente, tomé un taxi y fui a buscarlo, también fue grande mi sorpresa al llegar allí de encontrar gran cantidad de jóvenes que celebraban el día de la juventud. Pero alguien me dijo «tu hijo se encuentra en el anexo de San Luis de Yaico» y allí fui, y efectivamente allí estaba, y saben lo que encontré señores, a un muchacho que pesaba 68 kilos, no más de 50 kilos con andrajos, con los pies sangrantes, con visibles huellas de haber sido cruelmente torturado, es lo que encontré. Lo abracé a mi hijo y lo traje a Huancayo, pero yo, yo sabía que lo buscaban, por eso es que lo llevé a un lugar muy seguro, gracias a que tenía apoyo, ahí lo tuve, no podía comer, todas las noches se levantaba, gritaba, pedía que no lo maten. Señores, era un cuadro muy doloroso, y hasta hoy lo sigo viviendo, ¡no acaba esto!”.

 

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